sábado, 7 de junio de 2014

¿Dónde está la felicidad? Gozar y hacer gozar.

Este es mi último artículo de filosofía de este trimestre en el cual reflexiono sobre un capítulo del libro “Gozar y hacer gozar. ¿Dónde está la felicidad? del autor Michel Onfray, el cual establece su visión sobre la felicidad.


El autor relata de qué manera comienza el mal para los hombres, relacionándolo con Eva y Pandora, personajes de relatos cristianos y griegos respectivamente. Pues bien, Eva era una mujer hermosa y de su mano aparecieron todos los males, como la muerte. 



Una serpiente apareció y convenció a la mujer para que probase el fruto prohibido, una rica manzana. La mujer probó la manzana y dio a probar al hombre, culpándola éste de todos los males.


Por otro lado, antes de que Pandora abriera la caja y Eva cogiese la manzana, los hombres vivían en el jardín del Edén, donde no había ni muerte ni sufrimiento, solo paz.
El jardín simbolizaba la auténtica felicidad, un lugar donde disfrutar y contemplar el mundo desde una perspectiva armónica y placentera. Aunque su estancia allí tenía unos requisitos. Requisitos que no fueron respetados por Eva, donde su afán por descubrir le costó muy caro.


El simbolizo que este gesto representa es la revelación de la mujer a ser la esclava del hombre, a depender exclusivamente de éste para subsistir y a la demostración que existe una paridad entre sexos. Todos somos iguales.
Aunque toda esta narración no es una crítica machista hacia las mujeres, sino todo lo contrario. El autor agradece ese gesto de rebeldía, de ir más allá de lo que la razón y las posibilidades sociales nos permiten. Por todo ello, hoy por hoy conocemos muchas más cosas que antes desconocíamos, puesto grandes personalidades han optado por descubrir sus inquietudes y cumplir sus propósitos, es decir, han dejado atrás esa inocencia que caracterizaba en su inicio a los sujetos que vivían en el jardín del Edén.

Es aquí donde el autor nos relaciona este gesto con la autentica felicidad. El hombre que consigue sus metas y llega al verdadero conocimiento es realmente feliz. Pero esto tiene sus consecuencias, y a veces saber más no significa ser más feliz. Onfray expone que conocer implica aumentar el dolor y la tristeza, aunque pero afirma que es mejor ser menos alegre y tener más conocimiento. Ser conscientes de que estamos felices a veces no es una buena opción. La felicidad tiene momentos y es mejor disfrutarlos a estar todo el tiempo razonando. Obviar la realidad por unos instantes puede producir un sentimiento de placer pocas veces comparables a otras situaciones. Si somos conscientes de nuestra felicidad posiblemente estemos adelantando acontecimientos porque sabemos que ésta algún día acabará.

Gozar y hacer gozar es la mejor forma de definir el estado de felicidad. Cuando gozamos no percibimos más que el propio placer de gozar. Por ello todo se reduce a eso, disfrutar el momento. La comunicación es el medio más poderoso para hacer gozar a alguien, conocerlo y comprender qué le produce bienestar. Son aspectos bidireccionales porque cuando una persona es feliz gracias a nosotros, nosotros mismos también sentimos un sentimiento positivo por el acto que estamos realizando.
















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